Comenzó como una utopía, un sueño imposible que, no obstante, cargados de dudas un grupo de adolescentes decidió acompañar.
La «delirante» idea de trabajar en una cruzada de malvinización con la posibilidad (remota) de poder viajar a las islas la echó a rodar hace cerca de un año y medio atrás el ex combatiente Julio Aro, presidente de la fundación «No me olvides».
Tentó primero a los ex combatientes que no dudaron en recoger el guante. El hecho de que hubiese en el último año de una escuela secundaria de Balcarce un hijo o hija de algún ex combatiente abrió la puerta para avanzar con la propuesta.
Fue así como invitaron a alumnos de la EES Nº 3 a iniciar la campaña malvinizadora y éstos casi como un juego ya que por entonces el «premio» ni siquiera remotamente era tenido en cuenta, comenzaron a trabajar. Nació entonces el proyecto «Mis huellas en Malvinas».
Al principio como Quijotes luchando contra los molinos de viento de la indiferencia y el desinterés que lograron de a poco transformar en acompañamiento ante todas y cada una de las propuestas que lanzaron.
Surgieron decenas primero y luego cientos de almas que se sumaron hasta lograr que la comunidad toda se hiciese partícipe de esa iniciativa.
Hoy es una realidad concreta, aunque en muchos todavía siga pareciendo un sueño.