El proceso de retiros voluntarios en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria sigue avanzando en todo el país y ya alcanza a 757 trabajadores, en el marco del programa oficial que busca reducir la estructura del organismo.
La medida forma parte de un plan de ajuste que apunta a disminuir cerca de un 20% la dotación total de personal, lo que implicaría pasar de aproximadamente 5.750 empleados a unos 4.500 en todo el territorio nacional.
En las últimas actualizaciones del programa se incorporaron 380 nuevas adhesiones, que se suman a las 377 registradas inicialmente. El esquema contempla una salida laboral mediante una compensación económica única, calculada en función de la antigüedad y el salario del trabajador, con determinadas limitaciones según edad y tipo de vínculo.
El impacto de esta política genera inquietud en distintas sedes del organismo, especialmente en la Estación Experimental de Balcarce, donde se advierte preocupación por las posibles consecuencias en áreas clave como la investigación agropecuaria, la extensión técnica y el acompañamiento al sector productivo regional.
El programa establece una gratificación equivalente a un salario y medio por cada año trabajado, aunque con criterios específicos para el reconocimiento de períodos no permanentes. Según estimaciones oficiales, el costo total de la iniciativa supera los 101 mil millones de pesos y será financiado por el Ministerio de Economía.
Mientras el plan continúa en ejecución y algunos casos aún están en evaluación, en Balcarce y otras dependencias del INTA persiste la incertidumbre respecto del futuro funcionamiento de equipos técnicos y líneas de trabajo, en un contexto de reducción progresiva de recursos humanos.